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viernes, 6 de mayo de 2011

Crónica Sevilla:Crónica de José Antonio del Moral (La Gaceta)



11ª de feria en Sevilla. Salvando los papeles

Con una corrida en su mayoría indigna de la categoría de la Maestranza, El Cid, Cayetano y Daniel Luque lograron salvarse de la quema, cada cual desde sus respectivas circunstancias. El Cid consiguió la oreja del estupendo primer toro de Torrehandilla aunque la gente se quedó con ganas de haberle visto como sus grandes ocasiones porque toro tuvo para ello. Cayetano lo consiguió con el anovillado e impresentable quinto que también se prestó mucho al lucimiento, logrando dar la vuelta al ruedo tras una enrazada faena con sabor agitanado aunque tampoco a la altura de su oponente. Y Daniel Luque fue el que más merito tuvo de los tres frente al peor lote con el que anduvo muy por encima de su condición. Cortó la oreja del sexto y pudo cortar otra del tercero si no hubiera fallado a espadas.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Jueves 5 de mayo de 2011. Tarde calurosa con tres cuartos de entrada. Siete toros de Torrehandilla-Torrehebreros incluido el sobrero que reemplazó al cuarto, devuelto por cojo. Justa aunque desigualmente presentados entre bonitos o feos y de vario juego. De excelente condición el primero pese rajarse al final. Muy noble aunque muy tardo el segundo. Sin fijeza, muy remiso y defendiéndose aunque manejable el tercero. Muy tardo y soso el cuarto que se dejó por el lado derecho. El anovillado y sin cara quinto fue muy noble. Galopón y aquerenciado a tablas el remiso sexto. El Cid (prusia y oro): Estocada trasera tendida, oreja justita. Pinchazo y estoconazo trasero, silencio. Cayetano (musgo y oro): Estocada corta trasera, silencio. Pinchazo y estocada, vuelta al ruedo. Daniel Luque (perla y oro con remates negros): Dos pinchazos y estocada trasera caída ladeada, aviso y ovación. Muy bien Alcalareño en palos.

Hay tardes en las que los toreros hacen el paseo en la situación límite del seguir siendo lo que fueron o de conseguir lo que les falta para ser quienes pretenden. En el caso de El Cid, su feria se le estaba yendo de vacío y era necesario esforzarse al máximo para al menos terminar con dignidad. No había estado Manuel Jesús en su mejor versión en sus dos primeras corridas y era absolutamente imprescindible salir con una oreja por lo menos. Y eso fue lo que consiguió. Poco para lo que tanto él como sus partidarios hubieran querido, pero al menos un trofeo que le salvó por los pelos. Anduvo bien El Cid con el primer toro que fue de los de triunfo grande, el mejor o más bien decir el más fácil de los seis que afrontó en la feria, pero sin terminar de estar completamente a gusto porque el trasteo, largo y ancho, no tuvo total limpieza ni absoluta redondez. Para conseguir el premio, le salvó la estocada. Pero, ya quedó dicho que este toro fue de dos sin posible discusión. Nada importante, salvo algunos lances iniciales y una tanda por redondos, logró hacer con el deslucido cuarto.

Cayetano anduvo con su primer toro, noble aunque tardón, tan parsimonioso y templado como periférico y distante. El público no entró nunca en su faena, cosa que le desconcertó acostumbrado como está a que sus fans le jaleen todo sea como sea. Pero con el quito, por cierto el más comodito de los seis y ciertamente el más impropio de la categoría de esta plaza, tras dejárselo a modo su picador con dos puyazos tremendos y aunque el animal se fue a tablas, Cayetano le echó esa raza que ya le hemos visto sacar otras veces en momentos límite y, a su modo, sin preocuparse de componer ni de gustarse y menos de mirarse en ese espejo que tanto le pierde otra veces, logró poner al público de su parte y volver las lanzas en cañas después de haber escuchado hasta pitos cuando antes de comenzar la faena se sentó en el estribo esperando que le trajeran al toro que estaba al otro lado de la plaza. Menos mal que se fue a donde estaba el animal y allí, cerca de la barrera y muy arreado por sus peones, consiguió medio salvar su honor con una vuelta al ruedo que quizá hubiera sido una oreja de haber matado al primer envite.

Otra oreja, la de más valor y mérito de la tarde consiguió Daniel Luque del nada fácil sexto con el que estuvo hecho un león. Jugándose la barriga y con total entrega además de inteligente. Ciencia, potencia y esencia unidas en uno de los momentos más intensos de esta feria. Tal y como también anduvo antes con el tampoco grato tercer toro del que sacó más de lo que tenía en una faena de menos a muy más que también hubiera merecido otra valiosa oreja de no haber fallado con la espada. Luque tampoco había tenido suerte en su primera actuación sevillana pero, de los tres necesitados de ayer, fue el que obtuvo el éxito más legítimo. A Luque, además, se le veía venir con más largo futuro que sus dos colegas. Porque El Cid ya tiene hecha su historia y Cayetano todavía no ha pasado de anécdota.

Crónica Sevilla: La crónica de Barquerito (Colpisa)


Una gran faena de Daniel Luque


-El torero de Gerena deja probada su madurez –recursos, corazón, cabeza- y triunfa con un toro aquerenciado en tablas. Discreto debut de Torrehandilla en la feria de Abril
Sevilla, 5 may. (COLPISA, Barquerito)
Sevilla. 12ª de abono. Casi lleno. Veraniego.
Seis toros de Joaquín Morales. Tres -2, 3º y 6º- con el hierro de Torrehandilla y los otros, con el de Torreherberos. El cuarto, sobrero. De muy desiguales hechuras y trapío, y de variada condición. Muy bondadoso el primero; noble pese a su resistencia el sexto. Dio juego el quinto antes de rajarse. Apagados segundo y cuarto. Mansito el tercero.
El Cid, de azulete y oro, una oreja y silencio. Cayetano, de verde oliva y oro, silencio y vuelta al ruedo. Daniel Luque, de hueso y oro, saludos tras un aviso y oreja tras un aviso.
Texto
Dos horas y cuarenta minutos duró la cosa –calor de verano ya sofocante- pero los últimos diez minutos fueron los más de verdad: toreó con cabeza y corazón Daniel Luque un toro mansurrón pero no avieso, sino noble al ser gobernado, y que marcó querencia a tablas de sol casi desde la salida. Las tablas de sol propiamente están en Sevilla entre el portón de las cuadras y la puerta de toriles y no es fácil torear ahí, porque en los viajes a toriles los toros suelen arrollar por sistema y sólo en los de vuelta hacia el patio de caballos, y por los adentros, van o vienen con relativa claridad. Sólo que hay que aguantar y tragar en los dos casos. Saber, querer, poder, ponerse y estarse. Y en eso anduvo el misterio de todas las cosas que hizo Luque, que fueron muchas. De riesgo y tan de recursos como de riesgo y, por tanto, pensadas.
Faena discurrida sobre la marcha, con sus golpes de sorpresa obligados y que, de partida, se antojó imposible: antes de empezar siquiera la pelea en el tercio, el toro ya estaba en su cueva de tablas. Ahí pasó luego todo. En son creciente, clave de la tensión de esa clase de faenas. Primero, le ganó Daniel al toro pasos, que fue difícil hazaña, y fue tirando de él con llamativa suavidad. Podía haber sido un trabajo de trágala –un arrimón, digamos- pero no lo fue para nada, sino que las embestidas, arrancadas a tenaza porque el toro tardeaba, se vaciaban con suavidad; los toques fueron muy precisos; la ligazón en trenzas, espectacular por la firmeza. Espléndidos los pases de pecho o cambiados en que Luque se echó el toro por delante a suerte cargada.
Ligar el molinete con el de pecho, el de pecho con el de la firma o el del desdén, y volver sin fatiga a la cara del toro una y otra vez sin que la faena perdiera intensidad ni ritmo. Logro mayor. Péndulos entre pitones cuando el toro estuvo sometido y hasta entregado. La música estuvo atenta pero a la espera y sólo cuando Daniel fue a cambiar la espada. Se volvieron contra los músicos algunos y la banda calló. La estocada fue de ley, rodó el toro y estalló un júbilo muy de toros.
Era la primera vez que lidiaba en la feria de Abril Joaquín Morales con su ganadería de encaste Jandilla y sus dos hierros, el de Torrehandilla –divisa roja- y el de Torreherberos -divisa verde. Cosas que sólo pasan en Sevilla: los Torrehandilla se soltaron con la divisa verde y los Torreherberos, con la roja. Fue, para ser un debut de lujo, una corrida de muy desigual fachada y, luego, justa de fondo, resistencia y ganas de pelea. El primero, de franciscana bondad, fue para El Cid un mero coser y cantar que se celebró con palmas frías y música castigadora, porque se arrancó la banda con racanería y dejó de tocar –el Ragón Felez- al primer apagón. Una trinchera pomposa, buen compás en el toreo con la derecha, el toro bien soltado. Una notable estocada.
El segundo, cubeto de cuerna, finas horcas como de toro criado con fundas, no tuvo ni fuerza ni entrega. Cayetano le pegó rígidos lances en el saludo, Luque quitó marchoso a la verónica y Cayetano replicó sin particular fortuna. Basto, acarnerado, bajo de agujas, el tercero se blandeó de varas y a los diez muletazos volvió grupas. Una de las rajadas mayores de la feria. Se rebrincaba, no quería ni tampoco terminaba de protestar ni de dejarse. Le buscó las cosquillas Daniel con un trabajo seguro y sencillo que iba a ser anuncio de la espléndida faena de última hora.
A las ocho menos cuarto pasaron por delante de la Maestranza como todas las tardes una ambulancia y un coche de bomberos a toda sirena. El cuarto toro –de ancha corola- se rompió una mano en un hoyo. Soltaron un sobrero con divisa roja y la mitad de cara que el recién devuelto, y El Cid lo trató con la mayor suavidad posible. Ni así. Se vino abajo el toro, que fue el de más pobre nota.
Protestaron por anovillado el quinto de corrida que tenía sin embargo sus dos pitones puestos. Encogido, casi frenándose, parecía toro de resistirse a todo. Le ganó la partida con decisión y gitanería Cayetano en una faena de dar el pecho, asentarse, torear con el ajuste imprescindible, sacar los brazos y saber desplantarse y dominar, por tanto, la escena. Los muletazos genuflexos de tanteo y horma, que sacaron del toro lo que tanto parecía resistírsele, tuvieron regusto del bueno. Pero también ese quinto toro se rajó después de rendirse. Cayetano sintió el calor de su público. Un pinchazo, una estocada, una vuelta al ruedo casi clamorosa.

Crónica_Sevilla: Mariano Aliaga


SEVILLA: DANIEL LUQUE, UN DIABLO EN EL INFIERNO

MARIANO ALIAGA / HIDROCÁLIDO

La feria circula como trasladados al “infierno”, postizo añadido al Real lleno de cacharritos, noria y montaña rusa con vagoneta que primero subió tranquila la pendiente de los aburrimientos toristas para bajar con vértigo gracias al impulso de Juli y Manzanares haciéndonos circular boca abajo igual que pusieron la plaza.

Llegaron después tres días más de relajamiento plano en recta infinita, tal como llegan algunos al tendido después de excesos de manzanilla o rebujito en casetas a mediodía. Esos a los que ayer la actitud de los toreros, sobre todo Luque, fastidiaron el puntito en que se desea ausencia, porque se empeñaron en ser ellos la atracción en lugar de las del “infierno”.

Enfrente toros de Torrehandilla y Torrehebreros, con pitones enrojecidos parecían diablillos, pero solo de apariencia porque resultaron faltos de raza aunque nobles, que pudieron inclinar la balanza del lado soporífero por el peso de la mansedumbre, de no ser por la actitud de los de luces. Una excepción, el primero de la tarde, con clase y duración, importante, humillando en la muleta al galope. El resto rajados, unos antes y otros después.

Lidió El Cid a ese primero con buena técnica y poco lustre. Un Cid tránsfuga porque antes dominaba con la izquierda y ahora domina con la oposición, consiguiendo por la derecha las mejores tandas. Más decisión y cercanía faltaron al torero de Salteras conformándose con una faena correcta, necesitada de ambición para cortar un par de orejas que se quedo en la mitad después de buena estocada. Si le sirve, bienvenida sea.

El cuarto titular fue devuelto por la escasa paciencia del presidente sin esperar a una posible recuperación tras una primera vara que no pudo tomar. El sobrero del mismo hierro, sin fuerzas ni opciones de lucimiento. En el recuerdo, el que volvió a toriles.

Cayetano salió con ganas luciendo variedad con el capote en quites y galleos hasta el caballo. En el segundo de la tarde no apretó el acelerador y se rindió ante la mansedumbre expresa. Con el quinto derrochó voluntad descalzo, porque deben ser las zapatillas culpables de amplias distancias y cortos valores. Sintiéndose ligero afloró la vena con glóbulos de apellidos mostrándose muy firme ante un animal incierto al que no dudó un milímetro, incluso en tablas ya rajado, para robarle algunas tandas de mérito con las que hubiera cortado una oreja de no pinchar el primer intento aunque luego enterró el estoque, quedando en vuelta al ruedo tras petición.

Daniel Luque sobresalió por encima de sus compañeros mostrando una gran disposición, sin rendirse ante las pocas opciones de su lote. Inventor, o mago. Varita mágica sin secretos, solamente esfuerzo y fe. Sobre todo en sí mismo. Ya la faena al tercero fue merecedora de oreja si no hubiera pinchado, porque antes de huir su enemigo a la querencia pudo cuajarle buenas tandas en los medios. Después alargó en exceso el trasteo intentando recuperar la complicidad del tendido. En el sexto, su voluntad y decisión entre el tercio y las tablas, dejando la muleta en la cara, corriendo la mano y templando primero, redondo con arrimón después, le llevaron a pasear una merecida oreja sacada de la negra chistera vacía.

Un diablo.

FICHA

11ª Feria Sevilla. Lleno aparente.

3 Toros de Torrehandilla (2º, 3º y 6º)

3 Toros de Torrehebreros (1º, 4º bis y 5º)

El Cid: oreja y silencio.

Cayetano: silencio y vuelta al ruedo

Daniel Luque: saludos y oreja.

lunes, 9 de agosto de 2010

EL CID EN VINAROZ

Ayer vimos a El Cid muy recuperado y eso es muy buena señal y por supuesto nos alegramos mucho de verle sonreír y disfrutar delante de la cara del toro.




miércoles, 19 de mayo de 2010

SAN ISIDRO-13ª DE FERIA




MADRID, 13ª de Feria. TRES DECEPCIONES EN TRES DIMENSIONES
Mariano Aliaga / HIDROCÁLIDO

Nosotros los españoles somos más chulos que nadie. Cuando el veinte por ciento del paro asfixia la economía general y particular, nosotros estrenamos una nueva forma de ver la televisión: En tres dimensiones; ancho, alto y profundo. De escalofrío dicen que es ver salir los toros por los toriles que están encima del mueble y empujan a refugio tras sofá, convertido en burladero, recordando a los novilleros del lunes. Imaginen la familia comiendo palomitas asomándose como peón consejero en la tronera o con empujones cuando quiere entrar el cuarto que no cabe. Dicen que para ver así los toros , además de la gafas imprescindibles te regalan un capote de defensa propia.
El espectáculo elegido por la cadena para inaugurar el sistema ha sido la corrida de hoy en la que los toros del Puerto de San Lorenzo han sido los únicos anchos, altos y hondos. Astifinos, serios y con cuajo, hacia falta un par para estar delante. Pero además es que han resultado nobles y llegaron a la muleta con calidad, sobre todo las perlas que han hecho cuarto y sexto. Rebuscando algún aspecto negativo, quizás les faltó una pizca más de fuerza en el último tercio, excepto el quinto que más que una pizca necesitaba un puñado. Tres dimensiones de los toros y tres decepciones en toreros.
La terna anduvo en solo dos, alto y ancho, faltando la profundidad del toreo que engancha con el tendido. El Cid en su primero, por la senda donde solo se sube y no se baja, camino cuesta arriba. Como el final de sus muletazos, arriba, sin posibilidad de ligar con el siguiente y sin imponer su mando. Labor manchada y marcada por enganchones de muleta. Si el animal hablara rogaría por abajo, por favor, déjame que me luzca. Pero no, el sevillano remataba arriba mientras se inquietaba al comprobar que se le marchaba, y se le fue. Estocada trasera y descabello.
En el cuarto, consciente de la importancia del momento, quiso compartirlo con el público en un brindis montera en pecho, sentido, como solicitando reconciliación. Pero no fue posible porque la calidad del enemigo fue mayor que el anterior, viniéndose de lejos, y ahí El Cid interpretó lo mejor de la tarde con un derechazo largo, de adelante a atrás, profundo, de los suyos de antes. Pero no hubo continuidad y sí ansias más precipitación. Intentos por ambos pitones buenos, de los que evidencian carencias rebelando al tendido en contra. La faena fue a menos sobre todo al cambiar de los medios al tercio, donde el toro protestaba, no se sabe si por eso o por llevarse sus orejas puestas, con lo que él había hecho para verlas en las manos del sevillano. Estocada.
Castella dejó marcadas sus voluntades en el quite al primero, cuando la sosería impregnaba la tarde, alejándose y echándose el capote a la espalda para pasárselo por gaoneras. Recibió al segundo rodilla en tierra, con gusto, paro al levantarse perdió el capote arrebatado y se enfadó tanto que interpretó las verónicas de la rabia y la media del amor propio. En la muleta, dos tandas con la derecha y cambio de mano en el remate con la onda que no sintoniza el tendido. Algo falta. Lejos de aquellas faenas eléctricas del francés, ahora parece sin esfuerzo aunque no lo sea. Tan fácil parece que sorprende y asusta la voltereta la segunda vez que entra a matar provocando reacción de aplausos y ánimo. Demasiado tarde. El quinto, muy flojo mínimos intentos y a matar mal otra vez.
Rubén Pinar dejó marchar la finca y los sueños por la puerta de arrastre, con las mulillas de la ausencia de verdad y entendimiento. Es joven pero el tren para pocas veces y lo que las mulas se llevan no vuelve. Buen toro el tercero que recibió mil y un pases de cuento de Sherezade. Un cuento. Y la cantidad de veces que se lo advirtieron los exigentes. Pero ocurre que si no hay lo que piden los exigentes el resto no se enteran, porque no sienten. Y la pobre Sherezade repitió las mil y una noches, perdón, Pinar los mil y un pases en el sexto, cuando ya el tendido se lo sabía de memoria. Y eso que el que cerró plaza fue el mejor de todos, dentro de las tres dimensiones de la corrida.

FICHA

13ª de San Isidro. Lleno de No hay billetes

6 Toros de Puerto de San Lorenzo

El Cid, silencio y silencio.
Sebastián Castella, saludos y silencio.
Rubén Pinar, silencio y silencio.

sábado, 15 de mayo de 2010

SAN ISIDRO-9ª DE FERIA




MADRID, 9ª de Feria.
Mariano Aliaga / HIDROCÁLIDO

Otra tarde más que no se almacenará en la memoria del disco duro de nuestro cerebro. Santa paciencia de los que llenaron tendidos a la llamada de un cartel atractivo a priori. Toros de Alcurrucén, de buenos recuerdos. Uceda Leal, eterna promesa. El Cid, figura lanzada con catapulta de Victorino Martín desde la plaza de Alcalá hasta toda la geografía. Miguel Tendero futuro creciente. Pero esta tarde no se debe olvidar porque ha marcado el puesto que cada uno ocupa, por ausencias y evidencias. Ausencias de ganas y evidencias de impotencias. Dividida en dos fases diversas. La primera, fundida por la invalidez de los cuatro toros que aparecieron por puerta de toriles, tres titulares y el primero bis de El Torreón con los que solo cabe agradecer la brevedad de Uceda y reprochar a sus compañeros de terna el largo castigo de aburrimiento en faenas eternas que no condujeron a nada más que al tedio.
En la segunda parte los toros al menos se mantuvieron en pie y fueron dignos de mejor trato por manos de sus matadores. El cuarto, aunque gazapón y con la cara arriba, incómodo, como el maldito viento que se reúne en el ruedo como si hubiera ahí aspiradora que atrajera todo el de la provincia, no tuvo peligro ni planteó dificultades insuperables para quien estuviera dispuesto a demostrar su valía. Toro exigente de mando y enseñanza, necesitando además la paciencia que el madrileño Uceda no tuvo. Acertó con los aceros, marca y sello de la casa. El quinto, tal vez el mejor de la tarde y el que peor le viene al estado actual de El Cid, tuvo largo recorrido humillando sobre todo por el pitón izquierdo, como aquellos que en otras tardes en manos del sevillano le cosieron a la gloria de la puerta grande. Pero ahora no. Y este público tiene vacío el depósito de la paciencia, agotados réditos de inversiones conseguidos con mucho sudor, ya olvidados. Que efímero es el éxito y que largo se debe hacer lo contrario. Continuamente le reprocharon su colocación, sin pasarle ni una. No consiguió ligar ninguna serie, corrigiendo continuamente su posición. Cuánto cuesta ponerse en el sitio cuando no existe confianza. Terrible cuerpo que no puede cuando, la cabeza quiere. Pero si la medicina es la práctica, bien merece El Cid un voto para esperar su resurrección. Dejó pinceladas en el capote y con la estocada al quinto,
El último de la tarde se frenó en los capotes, creando una sensación de peligro que le llevó a recibir tres fuertes puyazos con el consentimiento del palco. En la muleta acudió pronto metiendo la cara con calidad, lo que permitió a Tendero interpretar unos buenos derechazos en dos tandas de compás abierto y mano en la cintura. Pero tanto castigo en el caballo pasó factura y el toro se paró, por lo que queda agradecer, irónicamente, a los medidores de castigo necesario, que nos negaran la posibilidad de admirar durante más tiempo la calidad del toro y el toreo que seguramente hubiera desarrollado el joven diestro. Por más intentos aquello no remontó, para finalizar con media estocada arriba.


FICHA

9ª San Isidro. Lleno de “No hay billetes”

5 toros de Alcurrucén.
1 toro de El Torreón, sobrero (1º bis)

Uceda Leal, silencio y silencio.
El Cid, silencio y pitos.
Miguel Tendero, silencio y silencio

viernes, 16 de abril de 2010